
La tradición, que la primitiva Imagen la trajo
consigo el Apóstol Santiago cuando vino de Jerusalén a España a predicar el
Evangelio, instaurándose entonces la devoción a tan bella Imagen en la Villa
que, más tarde, llegaría a ser Capital de España.
Al conquistar los musulmanes Madrid, hacia los anos 714, la Imagen de Nuestra
Señora fue escondida por los cristianos en un hueco practicado en las murallas
de la Villa, en evitación de profanaciones y cumpliendo así el decreto Arzobispo
de Toledo, D. Ralmundo. En prueba de devoción, ocultaron, junto con la Virgen,
dos velas encendidas, tapiando después el hueco con una gruesa pared de cal y
canto.
C onquistado Magerit por Alfonso VI y conoce éste de la existencia de una Imagen
de la Santísima Virgen, escondida por los cristianos siglos atrás, el Monarca
hizo -al parecer- voto de buscarla incansablemente para restituirla al culto de
los fieles, si Dios le concedía la victoria sobre los Sarracenos, y lograba
tomar la Ciudad. Pero, una vez liberada ésta y no obstante sus pesquisas, no
lograba localizar el sitio donde la Imagen estaba oculta. Por ello, y en su
deseo de que la Virgen Santa María fuese venerada hasta tanto se lograse
hallarla, mandó pintar una Imagen, inspirándose en los rasgos que la tradición
atribuía a aquélla y, no se sabe si por el deseo del artista o por gusto del
propio Rey casado en aquel momento con Doña Constanza, hija de Enrique 1º de
Francia-, pintaron en su mano una flor de lis.
La Imagen fue pintada sobre los muros de la antigua Mezquita musulmana. Tras las
ceremonias de purificación y dedicación del Templo, quedó expuesta al culto en
el cuadro hoy conocido por Nuestra Señora de la Flor de Lis.
Una vez conquistado Toledo, en mayo de 1085, volvió Alfonso VI volvio a i
nsistir en la búsqueda de la Imagen oculta por los cristianos, celebrándose un
piadoso novenario o rogativa por el éxito de las pesquisas que finalizó con una
devota procesión presidida por e Monarca y los Prelados; y al pasar la comitiva
frente a la alhóndiga o Almudith, establecida por los moros; se desplomaron unas
piedras, dejando al descubierto la Imagen llamada desde entonces de la Almudena-
que, es tradición, conservaba encendidas dos candelas, con que fue escondida al
ser ocultada 369 años antes. Era el día 9 de noviembre de 1085.
Llevada a la Iglesia de Santa María, fue colocada solemnemente en el Altar
mayor, donde permaneció hasta el día 25 de octubre de 1868 en que, por
demolición del Templo, fue instalada en el Convento de las Religiosas Bernardas
del Santísimo Sacramento, en cuya Iglesia estuvo expuesta al culto hasta el 29
de mayo de 1911,
fecha en la que se trasladó con la mayor solemnidad a la Cripta de la Nueva
Catedral que construía en honor de su Advocac ion junto al lugar de la muralla
donde fue hallada la Imagen por AlfonsoVI, existiendo hoy en el hueco donde la
Virgen estuvo oculta, una Imagen de piedra que conmemora el hecho.
Hace pocos años, al hacer una excavación para construir un edificio, se
encontraron los restos de la antigua muralla árabe, del entonces llamado Magerit,
a pocos metros del lugar donde hoy esta la Imagen que recuerda la aparición y,
por su carácter histórico, nuestro Ayuntam iento tuvo el singular acierto de
declarar aquel terreno como "lugar no edificable para que pueda quedar siempre
al descubierto los restos de la citada muralla.
Durante los años 1936-39, periodo en que tuvo lugar nuestra guerra civil,
permaneció intacta Nuestra Señora de la Almudena en la Cripta. De nuevo fue
llevada la Imagen a la Iglesia de Las Religiosas Bernardas de la calle del
Sacramento (Actualmente Iglesia Arzobispal Castrense) y finalmente, trasladada
el 2 de febrero de 1954 a 1 a Santa Iglesia Catedral de San Isidro -en la calle
Toledo-.
Obtenidas de Roma las necesarias bulas y como culminación de su patronazgo sobre
la Villa de Madrid, Santa María la Real de la Almudena fue coronada
Canónicamente en 1948, por mano del Excelentísimo y Reverendísimo Señor Obispo
de Madrid-Alcalá y patriarca de las Indias Dr. D. Leopoldo Eloy Garay, siendo
madrina la Excma. Sra. Carmen Polo de Franco. A la brillante ceremonia
asistieron entre innumerables personalidades, S.E. el jefe Estado, y su
Excelencia Reverendísima el Nuncio de Su Santidad; fervientes devotos de Santa
María la Real de 1a Almudena fueron, entre otros, San Ildefonso de Toledo, San
Isidro Labrador, y su esposa, Santa María de la Cabeza, obteniéndose por medio
de esta venerada Advocación innumerables favores, que acrecieron de día en día
la confianza de los fieles en esta bellísima Imagen de Nuestra Señora, entre los
que se contaron los Monarcas de España, la nobleza y, muy especialmente, el
pueblo madrileño.
El día 10 de junio de 1977, Su Santidad el Papa Pablo VI tuvo a bien declarar y
confirmar, a perpetuidad, a la Bienaventurada Virgen Inma culada de la Almudena,
principal Patrona de la Archidiócesis de Madrid-Alcalá.
Y llegó el día grande. El 15 de junio de 1993 S.S. Juan Pablo II inauguró
la Santa Iglesia Cate dral en Honor de Nuestra Madre y Patrona, apartir de ese
día la Santísima Virgen tiene Casa propia, desde donde bendice a cuantos se acer
can a venerar su Sagrada imagen.Por muchos años que asi sea....
El milagro
de la aparición de Santa María la Real de la Almudena tuv lugar durante el
reinado de Alfonso VI.
El Rey marchaba con sus nobles y guerreros alrededor de las murallas de Madrid,
en procesión de acción de gracias por haber reconquistado la Vill alas moros, y
al pasar frente a una de las puertas -la de la alvega o de la Vega se derrumbó
un bloque de piedra de la misma, dejando al descubierto 1a imagen de la Virgen
flanqueada por dos cirios encendidos.
La efigie que conservamos, labrada seguramente a finales del siglo XV o
principios del siglo XVI, de estilo renacentista, tiene una altura de 158 cm., y
representa a la Virgen de pie, con el Niño desnudo entre sus brazos. Está
realizada en madera de pino, y con el tiempo se ha oscurecido hasta tomar un
color avellana oscuro. La talla ha sufrido varias modificaciones para poderla
acomodar a la moda de las imágenes vestidas, siguiendo la moda barroca; también
una serie de restauraciones, siendo la más importante la realizada a fines del
siglo XIX por Mulle de la Cerda, que intentó dejarla como fuera en sus orígenes.Cuenta
la tradición que en el año 38 vino a España el apóstol Santiago a predicar el
cristianismo, y al pasar por Madrid -por aquel entonces una muy humilde aldea-
dejó aquí a su discípulo San Calócero o Calógero, y con él una imagen de la
Virgen que había sido tallada, en vida de Nuestra Señora, por San Nicodemus y
pintada por el evangelista San Lucas. Esta imagen, traída de Jerusalén según la
leyenda, es la que posteriormente se denominará Nuestra Señora de la Almudena,
y, al decir los cronistas más aventurados, su culto se practicó ya desde el
siglo I de la era cristiana.
- Etimología y antigüedad del nombre:
En la Carta del Otorgamiento del Fuero de Madrid (hacia 1214), la colación de
Santa María se menciona así, sin advocación específica alguna. Parece probable,
pues, que durante los dos o tres primeros siglos posteriores a la conquista de
Alfonso VI, la imagen carecía todavía de la denominación propia que luego la
distinguiría de otras. El primer documento que conocemos en el que ya se la
nombra como Santa María de la Almudena es un testamento de 1377, citado por Vera
Tassis. En 1438, en el voto que la villa hace en honor de la Concepción y San
Sebastián, se repite esa misma advocación de Santa María del Almudena.
Con respecto al origen del nombre Almudena, son varias las teorías que han
manejado los distintos cronistas e investigadores:
1. Tomando como punto de partida las crónicas de Juan López de Hoyos, hay
quienes piensan que cuando los cristianos, temerosos por la próxima entrada de
los musulmanes en Madrid, ocultaron la imagen para evitar su profanación,
pusieron sendos cirios a sus lados y la cubrieron con un almud -medida de origen
islámico para áridos, equivalente en algunos lugares a un celemín y en otros a
media fanega-, del cual le derivaría el nombre. Pero, como bien dice Fradejas
Lebrero, es difícil creer que antes de conocer a los moros ya se conocieran sus
medidas.
2. Otros opinan que la imagen fue hallada junto al almudín o alhóndiga -lonja
del trigo- de Madrid, y de ella tomó el nombre. Una inscripción existente, según
se dice, a los pies de la desaparecida iglesia de Santa María defendía esta
hipótesis.
3. También hay quienes hacen derivar el nombre de Almudena de Alma-Dona, Santa
Señora.
4. Para Vera Tassis, el nombre se descifra así:
AL - Alma (virgen en hebreo)
MU - Mater o Mulier
DE - Dei
NA - Natus,
lo cual vendría a significar "Virgen y Madre del Dios Nacido".
5. Sin embargo, la que parece más correcta es la hipótesis apuntada por Jaime
Oliver Asín, para el cual Almudena deriva "del árabe almudayna, con el
significado de ciudadela, indiscutible diminutivo árabe de madina, ciudad", en
referencia al recinto árabe en que estuvo situada la iglesia de Santa María la
Mayor, primitiva y tradicional sede de la imagen.
- Ocultación y hallazgo:
La tradición acerca de los avatares que sufrió la imagen durante la dominación
musulmana es persistente, aunque sea escasamente acorde con la realidad
histórica de aquellos siglos. Tras la muerte de Don Rodrigo en la batalla de Guadalete (año 711), el pueblo hispano-visigodo se retira a las montañas
cantábricas y, en su huida, va ocultando sus imágenes sagradas para evitar su
profanación a manos musulmanas. Los madrileños, en el año 712 -tanto esta fecha
como las demás varían según los cronistas-, ocultan en un hueco practicado en la
muralla de la ciudad la imagen de Nuestra Señora de la Almudena. El hueco se
tapia, y la imagen queda olvidada de todos.
Alfonso VI reconquista la villa en el año 1083, parte a continuación para tomar
Toledo, y seguidamente regresa a Madrid. Decide buscar la imagen ocultada y para
ello ordena nueve días de ayunos, penitencias y rogativas. El día 9 de noviembre
de 1085 se organiza una solemne procesión que, al compás de himnos religiosos y
militares, recorre las murallas de la villa en busca de la antigua imagen de
Nuestra Señora. Y al llegar a las cercanías de la Puerta de la Vega, situada
sobre la actual cuesta del mismo nombre, se desploma un lienzo de la muralla y
aparece entre el polvo la sagrada imagen, flanqueada por dos cirios que la
habían alumbrado durante cuatro siglos. La imagen, entonces, es trasladada a la
vecina iglesia de Santa María para ser venerada por todo el vecindario.
- La imagen:
Si el culto a Nuestra Señora de la Almudena se formalizó, al menos, a partir de
la toma de Madrid por Alfonso VI, es preciso admitir que la imagen actual no es
la primitiva. Suponemos, por la época en que sucedió aquélla, que habría de ser
una talla similar a la de Nuestra Señora de Atocha, y que se ajustaría bien a la
descripción literaria que de ella hace Sainz de Robles: "La primitiva imagen de
mi Virgen de la Almudena era chiquitita, algo tosca, con formas, colorines y
detalles bizantinos". Esta imagen primitiva hubo de perderse en algún momento,
aunque -y esto supone un hecho muy difícil de explicar- no haya quedado ni
memoria alguna ni constancia documental de ello. Acerca de esa imagen original,
pues, no se pueden hacer sino conjeturas:
- La posibilidad, defendida por algunos historiadores, de que la pintura de la
Virgen de la Flor de Lis sea una copia de la imagen original de la Almudena no
pasa de ser una mera hipótesis imposible de demostrar.
- Contemporánea a la Flor de Lis es la denominada arca de San Isidro. En ella
están dibujadas las dos vírgenes madrileñas, de Atocha y de la Almudena, pero el
mal estado de conservación de la pieza impide saber con certeza cómo era ésta de
la Almudena; como mucho, podría presumirse que no estaba sentada, sino erguida,
pero sin una seguridad absoluta.
- Por otro lado, el Sr. Díez Vicario publicó el 10 de noviembre de 1935, en la
revista Blanco y Negro, una fotografía que supuestamente correspondía a la
imagen original de la Almudena. Creemos, sin embargo, que tal foto no es sino de
la propia imagen de Nuestra Señora de Atocha -con una sola diferencia: en ésta,
el Niño dirige su mano diestra hacia arriba, mientras que en la fotografía está
dirigida hacia el frente; tal cambio de posición podría haber sucedido en alguna
de las restauraciones de la imagen.
- Milagros:

Desde muy antiguo fue enorme la devoción que los madrileños sintieron por
Nuestra Señora de la Almudena, a la cual nombraban, con motivo de su color, "la
Morena". La tradición, recogida por Lope de Vega, cuenta que un hombre de esta
villa, al cual se le había perdido un esclavo al que estimaba mucho, pidió a un
sacerdote de la iglesia de Santa María que intercediese a la Virgen para
recuperar el esclavo. Y el sacerdote se inclinó ante la imagen y dijo: "Morena,
seis ducados prometen porque parezca el esclavo fugitivo; limosna es que importa
a vuestra capilla, y piedad a vuestra devoción: pobre estais, y como vivís en
los fines de la villa, visitada de pocos; haced con vuestro Hijo que parezca
este esclavo". Y dirigiéndose al Niño le dijo: "No hay que estarse riendo, sino
hacer luego lo que la Morena pide". Al día siguiente, muy de mañana, apareció el
esclavo. (Con mucha frecuencia, los milagros que la tradición madrileña atribuye
a Nuestra Señora se asignan indistintamente, según los autores, a la de Almudena
y a la de Atocha. En este que recogemos, la mención "como vivís en los fines de
la villa" se adaptaría mejor a la localización que tuvo la ermita de Atocha y no
a la de la iglesia de Santa María, pues ésta parece que siempre estuvo dentro
del recinto amurallado.)
Otros dos milagros recogidos por Lope se refieren a San Isidro. En uno de ellos,
la madre del santo, cuando estaba cercano el nacimiento de éste, pidió a la
Virgen el buen fin de su parto: "Hoy es el postrer día / que a la luna y al sol
la Almudena / pedí del parto mío / el fin dichoso que de entrambos fío". En el
otro, Nuestra Señora se le apareció al santo, mientras éste faenaba en el campo,
para decirle que su hijo había caído a un pozo. Marchó Isidro a su casa, y al
llegar vió a la Virgen junto al pozo, con el niño cogido de la mano, sano y
salvo.
Hay otras tradiciones que otorgan al rostro de la imagen un carácter enigmático.
Durante el siglo XVII era muy frecuente la reproducción en estampas de la divina
imagen, y se afirma que por la sola aplicación de estas estampas se producían
numerosos milagros. En consecuencia, fueron muchos los pintores -Alonso cano,
Sebastián de Herrera, Juan Carreño, etc.- que reprodujeron en lienzo la efigie,
pero ninguno pudo captar perfectamente su expresión, pues, según palabras de
Vera Tassis, "al parecer de todos, varía las facciones de un instante a otro".
Abundando en lo mismo, una tradición cuenta que la infanta Isabel Clara Eugenia,
al casarse en 1599 con el archiduque Alberto y tener que marchar a Flandes,
ordenó pintar un retrato de la Almudena para llevarlo consigo. Pero no uno
llevó, sino muchos, pues en ninguno de ellos se pudo dar con la expresión exacta
de la imagen. Ya en Flandes, todos los españoles que contemplaban los lienzos
notaron su falta de parecido con el original, y la infanta envió a España a un
famoso pintor holandés, para tratar de conseguir el preciado retrato. P
ero, tras
varias tentativas, tuvo que rehusar y volver a Faldes con las manos vacías. El
rostro de la imagen se negaba a ser reproducido.
- Patronazgo de Madrid:
Aunque no se conoce documento alguno en el que se elija como patrona de Madrid a
Nuestra Señora de la Almudena, la tradición insiste en que sí lo ha sido desde
épocas antiguas. Uno de los primeros documentos en la que ya se recoge este
patronazgo es una Bula de Urbano VIII -citada por Vera Tassis-, ya en la segunda
o tercera década del siglo XVII, en la que se escribe "(...) la Iglesia de Santa
María de la Almudena, Patrona de Madrid". El 8 de septiembre de 1646, los
regidores acuerdan que "esta Villa vota la asistencia a la festividad de Nuestra
Señora de la Almudena, día de Nuestra Señora de septiembre, como es dicho día,
perpetuamente para siempre jamás", sin que esto tampoco constituya una
declaración formal del patronazgo.
En estos mismos años, 1643, menciona José del Corral que "con motivo de elegir
Patrona para la Villa y Corte, se apasionaron de tal modo los ánimos de los
madrileños, que tuvo que acudirse a la fórmula de nombrar patrona de la Villa a
Nª Sª de la Almudena, y de la Corte, a la de Atocha". Es este doble patronazgo
el que tradicionalmente se ha venido admitiendo sin mayor discusión.
La festividad de Nuestra Señora de la Almudena se celebraba antiguamente el día
8 de septiembre. Desde 1948, con motivo de su coronación canónica, la festividad
de trasladó al 9 de noviembre.
La tradición, que la primitiva Imagen la trajo
consigo el Apóstol Santiago cuando vino de Jerusalén a España a predicar el
Evangelio o, instaurándose entonces la devoción a tan bella Imagen en la Villa
que, más tarde, llegaría a ser Capital de España.
Al conquistar los
musulmanes Madrid, hacia los anos 714, la Imagen de Nuestra Señora fue escondida
por los cristianos en un hueco practicado en las murallas de la Villa, en
evitación de profanaciones y cumpliendo así el decreto Arzobispo de Toledo, D.
Raimundo. En prueba de devoción, ocultaron, junto con la Virgen, dos velas
encendidas, tapiando después el hueco con una gruesa pared de cal y
canto.
Conquistado Magerit por Alfonso VI y conoce éste de la existencia
de una Imagen de la Santísima Virgen, escondida por los cristianos siglos atrás,
el Monarca hizo -al parecer- voto de buscarla incansablemente para restituirla
al culto de los fieles, si Dios le concedía la victoria sobre los Sarracenos, y
lograba tomar la Ciudad. Pero, una vez liberada ésta y no obstante sus
pesquisas, no lograba localizar el sitio donde la Imagen estaba oculta. Por
ello, y en su deseo de que la Virgen Santa María fuese venerada hasta tanto se
lograse hallarla, mandó pintar una Imagen, inspirándose en los rasgos que la
tradición atribuía a aquélla y, no se sabe si por el deseo del artista o por
gusto del propio Rey casado en aquel momento con Doña Constanza, hija de Enrique
1º de Francia-, pintaron en su mano una flor de lis.
La Imagen fue
pintada sobre los muros de la antigua Mezquita musulmana. Tras las ceremonias de
purificación y dedicación del Templo, quedó expuesta al culto en el cuadro hoy
conocido por Nuestra Señora de la Flor de Lis.
Una vez conquistado
Toledo, en mayo de 1085, volvió Alfonso VI volvió a i asistir en la búsqueda de
la Imagen oculta por los cristianos, celebrándose un piadoso novenario o
rogativa por el éxito de las pesquisas que finalizó con una devota procesión
presidida por e Monarca y los Prelados; y al pasar la comitiva frente a la
alhóndiga o Almudith, establecida por los moros; se desplomaron unas piedras,
dejando al descubierto la Imagen llamada desde entonces de la Almudena- que, es
tradición, conservaba encendidas dos candelas, con que fue escondida al ser
ocultada 369 años antes. Era el día 9 de noviembre de
1085.
Llevada a la Iglesia de Santa María, fue colocada solemnemente
en el Altar mayor, donde permaneció hasta el día 25 de octubre de 1868 en que,
por demolición del Templo, fue instalada en el Convento de las Religiosas
Bernardas del Santísimo Sacramento, en cuya Iglesia estuvo expuesta al culto
hasta el 29 de mayo de 1911,
fecha en la que se trasladó con la mayor
solemnidad a la Cripta de la Nueva Catedral que construía en honor de su
Advocac
ion junto al lugar de la muralla donde fue hallada la Imagen por Alfonso VI,
existiendo hoy en el hueco donde la Virgen estuvo oculta, una Imagen de piedra
que conmemora el hecho.
Hace pocos años, al hacer una excavación para
construir un edificio, se encontraron los restos de la antigua muralla árabe,
del entonces llamado Magerit, a pocos metros del lugar donde hoy esta la Imagen
que recuerda la aparición y, por su carácter histórico, nuestro Ayuntamiento en
aquel momento tuvo el singular acierto de declarar aquel
terreno como "lugar no edificable para que pueda quedar siempre al descubierto
los restos de la citada muralla
Durante los años 1936-39, periodo en que tuvo lugar nuestra guerra civil,
permaneció intacta Nuestra Señora de la Almudena en la Cripta. De nuevo fue
llevada la Imagen a la Iglesia de Las Religiosas Bernardas de la calle del
Sacramento (Actualmente Iglesia Arzobispal Castrense) y finalmente, trasladada
el 2 de febrero de 1954 a 1 a Santa Iglesia Catedral de San Isidro -en la
calle Toledo-,en 1985 cumple el 900 aniversario de su aparición exponiéndose el cuerpo de san Isidro en el centenario de la
diócesis y en 1993 es trasladada después a la nueva catedral de Madrid bendecida por Juan Pablo II el mismo año, en 1998 se celebró con solmene
procesión el 50º aniversario de su coronación."Bendita fue la hora en que tu milagrosa imagen
apareció en este viejo Madrid"
NUESTRA
SEÑORA DE LA ANTIGUA (Iglesia de Nª Sª de Atocha)
Jerónimo de Quintana menciona dos advocaciones marianas con este mismo nombre.
Una la sitúa en la iglesia de San Nicolás, y podría haber aparecido a vueltas
del año 1300, "abriendo los cimientos para hacer una Capilla muy antigua, que
está a los pies deste Templo a la parte de la Epístola, que es de los Luzones,
en donde estuvo muchos años, lo cual consta de unas alegaciones en el pleito que
puso el dueño della por auer sacado de allí la santa Imagen, y subídola al altar
mayor".
La de antigüedad mejor probada, sin embargo, es la que se veneraba en la iglesia
de Atocha, que el mismo licenciado describe con "el ropaje muy bien labrado,
sentada en vn trono de la misma pieza con su soberano Hijo sentado en sus
rodillas entre los brazos de la Madre, algo más alta que la nuestra Señora de
Atocha; el vestido a lo antiguo, y el calzado puntiagudo, como usaba la
nobleza de los Godos. Era de tan gran referencia, (...) que estatua toda vestida
de vn manto de plata". Su altar estaba en la capilla mayor de la ermita, y hasta
él "venían los fieles en gran concurso a visitarla (...), y no sólo los
vecinos
de Madrid, sino también los lugares de la comarca". En 1523, cuando los
religiosos de Santo Domingo se hicieron cargo del santuario, se decidió que la
Virgen de Atocha presidiera en solitario el altar mayor, por lo que la imagen de
Nuestra Señora de la Antigua se trasladó a la sacristía -"venerándola las
mugieres desde la puerta por no poder entrar dentro"-; al cabo de unos años
volvió a mudarse, esta vez "al dormitorio alto, (...) en donde la gente de la
tierra, especialmente los de Vallecas, (...) todas las veces que passauan, yendo
y viniendo por el camino la saludaban". Finalmente, fue colocada "en el oratorio
de la casa de novicios", donde todavía se encontraba en los años centrales del
siglo XVII.
La mención documental más antigua que conocemos data de 1466, con motivo de la
renuncia que hizo Diego Martínez de Zamora, secretario de Enrique IV, de su
renta de 4.000 maravedíes de la martiniega, destinándolos a la dotación de una
capellanía perpetua en la capilla de Nuestra Señora de la Antigua. En 1487, el
patronazgo de esta capilla pasó a Francisco Ramírez de Madrid.
NUESTRA SEÑORA DE ATOCHA (Basílica de Nª Sª de Atocha)
El origen de la imagen de Nuestra Señora de Atocha, según lo cuenta la
tradición, es muy similar al de la Almudena. La trajeron, se dice, los
discípulos del apóstol Pedro desde Antioquía, para alentar el naciente
cristianismo en la región carpetana. La tradición sigue contando que fue tallada
por Nicodemus, todavía en vida de la Virgen, y pintada por san Lucas. Sea como
fuere, todos los cronistas se muestran conformes en aceptar para su devoción un
origen antiquísimo, y remontan sus primeros momentos de culto "a la oscuridad de
los primeros siglos del Cristianismo".
- El hallazgo de la imagen:
Cuenta la tradición que allá por el siglo VIII fue alcaide de Madrid el noble
caballero Gracián Ramírez, el cual, con
su mujer y dos hijas, se retiró a Rivas
de Jarama ante la invasión musulmana. Por aquellos tiempos -sigue narrando la
tradición- existía una muy antigua ermita en los arrabales de la villa -quizá en
la vega madrileña, cerca del río Manzanares, en el lugar denominado Santiago el
Verde-, en la que se veneraba una imagen de Nuestra Señora de la que era muy
devoto el alcaide madrileño; razón por la cual, aun estando la villa dominada
por los musulmanes, hacía Gracián furtivas visitas a la ermita. En una de éstas
vio que había desaparecido la imagen y se aprestó a buscarla, ofreciendo
levantar una nueva en el mismo lugar en que la encontrara. Al poco tiempo la
descubrió en unos atochares cercanos -donde actualmente está la basílica-, y,
reuniendo a sus gentes, se dispuso a cumplir su ofrecimiento. Los moros, sin
embargo, advertidos de la obra que se llevaba a cabo, pensaron que los
cristianos se estaban fortificando, y cercaron la ermita en construcción.
Gracián Ramírez, consciente de la aplastante superioridad de los sitiadores, y
temeroso por el destino que, sin duda, correrían su mujer e hijas, decidió
quitarles la vida él mismo, y con su propia espada segó sus cabezas, dejando
degolladas a las tres mujeres al pie mismo del altar. En aquel momento, grandes
resplandores y rayos cegaron a los musulmanes, que, sorprendidos por la
inesperada y misteriosa ayuda recibida por los cristianos, se retiraron en
tropel atropellándose unos a otros. La victoria cristiana fue completa, y todos
se aprestaron a dar gracias a Nuestra Señora. Al llegar a la ermita, Gracián vio
con asombro a su mujer e hijas arrodilladas frente al altar, sanas y salvas, con
unos hilos encarnados en el cuello, en el mismo lugar donde él les había
propinado el mortal golpe de espada. Estos hechos, finaliza la leyenda,
ocurrieron en el año 720, siendo Papa Gregorio II.
- Etimología y antigüedad del nombre:
Según Quintana, ya en el año 665 ó 666 se documenta la advocación Atocha, en una
carta de San Ildefonso. Según el mismo historiador, en 1085 el arcipreste
Juliano la nombra como Virgen de Antioquia, idéntica denominación que la
recibida en 1148 en una carta del Papa Eugenio III. En el Fuero de Madrid, en
1202, se cita el arroyo y prado de Toia o Tocha, los cuales, aunque topónimos,
es de suponer que se aplicasen también a la ermita y Virgen que en ese lugar se
asentaban.
En cuanto al nombre de Atocha, varios son los orígenes que le atribuyen los
historiadores, aunque no creemos que ninguno de ellos sea totalmente
satisfactorio:
1. La mayoría de los autores coinciden en hacerlo derivar de Antioquia, lugar de
origen de la imagen según la leyenda. Del latín Antioquia, pasando por Antioquia,
se habría llegado finalmente al actual atocha. Este origen ya lo recoge uno de
los primeros documentos ciertos que mencionan este culto madrileño, un texto del
año 1085 de Juliano, arcipreste de Santa Justa de Toledo y cronista de Alfonso
VI, en el que la imagen se nombra como "Santa María de Antiochia".
2. Para otros, deriva de Teotokos, Madre de Dios en griego. Con motivo de la
herejía de Nestorio en el siglo V, que negaba la maternidad divina de la Virgen,
la Iglesia, tras condenar dicha herejía, ordenó grabar en muchas de las imágenes
existentes el nombre de Madre de Dios en lengua y caracteres griegos. Para estos
autores, al pie de la silla o trono de la imagen existen grabadas unas letras
griegas T y O, posible resto de la palabra Teotokos. La evolución, según esta
hipótesis, habría sido Teotokos - Teotoka - Toca - Tocha - Atocha. Tal teoría,
sin embargo, elude el hecho cierto de que la imagen no pudo haberse labrado en
fecha anterior al siglo XI.
3. La tercera teoría, que al menos no incurre en anacronismos ni en
fabulaciones, asegura que la imagen recibió el nombre por haber sido encontrada
en un atochar o campo de esparto, denominándose por ello en un primer momento
Nuestra Señora del Atochar. La voz atocha podría derivar, así, de la prerromana
tautia y la mozárabe tauca, origen de varias formas gallegoportuguesas (touza),
leonesas y aragonesas (toza), con el significado de "mata, matorral", "arranque
del tronco de una planta".
- La imagen:
Afortunadamente, la imagen que todavía se conserva es la primitiva. Se trata de
una talla de madera "muy dura e incorruptible", con una altura aproximada de 60
cm., que representa a la Virgen sentada sobre un pequeño asiento sin respaldo,
con el torso erguido, las rodillas ligeramente separadas y la mirada dirigida
hacia delante. El rostro se muestra hierático, los ojos son almendrados y los
rasgos angulosos, con un evidente aspecto oriental. El niño se sienta sobre su
pierna izquierda y dirige su mirada también al frente. Los vestidos están
tallados en el mismo bloque de madera. Ambas figuras van tocadas con una tosca
corona, casi un turbante; ella sostiene una manzana en su mano derecha, y él un
libro cerrado en la izquierda.
Los vestidos y coronas que han cubierto a la imagen en distintas épocas han sido
simples añadidos que se han superpuesto a ella con fines decorativos, pues, como
ya se ha dicho, Nuestra Señora de Atocha tiene su propio ropaje labrado en el
mismo bloque de madera.
Diosa Madre (terracota micénica, s.XIV-XIII a.C.)
Diosa Madre (cultura nurághica, Cerdeña, s.VI a.C.)
Isis amamantando a Horus (Egipto, s.I a.C.)
Nuestra Señora de Atocha (Basílica de Nª Sª de Atocha)
La talla coincide en todas sus características con la tipología genérica de
virgen negra que los monjes benedictinos y cistercienses introdujeron con
profusión en Europa durante los siglos XI y XII. Estas imágenes medievales
recuperaron la vieja imaginería religiosa que siempre había acompañado a los
cultos ancestrales a la fertilidad materializados en la Diosa Madre, repitiendo
unos caracteres formales que se han mantenido básicamente inalterados durante
veinticinco siglos.
- Milagros:
Varios son los milagros atribuidos a nuestra Señora de Atocha que Alfonso X el
sabio salvó del olvido recogiéndolos en sus Cantigas. En la 289 -"Como Santa
María de Tocha guariaú un labrador, que andaba segando, en día de San Quines,
que se lle cerraron os puños ambos"- cuenta cómo un labrador al que por no
respetar la fiesta dominical se le cerraron las manos sin que pudiera abrirlas,
pidió perdón arrepentido a la Virgen de Atocha, y al fin pudo abrirlas. El
segundo milagro que recoge, en la Cantiga 315 -"Esta e como Santa María guareceu
en Tocha, que e cabo Madride, un menyno que tijnna hua espiga de trigo no
uentre"-, es el de un niño que se ahogaba con una espiga que se había tragado.
Su madre le condujo ante la Virgen de Atocha, y el niño quedó libre de la espiga
que le causaba la muerte.
Otro de los milagros que la tradición nos ha transmitido ocurrió en 1374,
durante las Cortes celebradas en Burgos. Por Madrid asistió como procurador
Diego Fernández de Gudiel, el cual, involuntariamente, se vio mezclado en la
muerte de Sancho, hermano del rey Enrique II. Éste, lleno de furor, hizo prender
a seis de los procuradores, entre ellos Diego, y los condenó a muerte. El
madrileño, entonces, se encomendó a Nuestra Señora de Atocha, prometiéndole que
si se libraba de la muerte volvería desde Burgos hasta Madrid, descalzo y con
traje de ajusticiado, a dar gracias en la iglesia de Atocha. Camino ya del
cadalso, Enrique se compadeció de los condenados, y perdonó a todos. Don Diego,
agradecido a su Virgen, cumplió la promesa y volvió a Madrid atadas las manos
con una soga que le pendía del cuello; ya en el templo de Atocha, ofreció a la
Virgen la soga, que allí permaneció varios siglos colgada de la pared.
- Devoción real:
Desde muy antiguo fue notoria la devoción que los monarcas castellanos tuvieron
a Nuestra Señora de Atocha. Se dice que Alfonso VI, tras conquistar la villa,
ordenó colgar en su ermita el pendón real y el de los musulmanes, y que ambos
todavía continuaban allí en el siglo XVII. El emperador Carlos V, en 1525, oyó
misa ante la Virgen, acompañado por toda la Corte, para dar gracias por la
victoria de Pavía, y repitió idéntica ceremonia tras la victoria de Túnez y
Argel. Felipe II fue también un gran devoto de la Virgen de Atocha y se declaró
decidido protector del santuario; se cuenta que decía de ella, cuando algún
cortesano la llamaba Patrona de Madrid: "No es
Patrona de Madrid, sino de todos
mis Reinos". Tras la batalla de Lepanto, vino a la villa y aquí se cantó un
solemne Te Deum en acción de gracias; ante el altar de la Virgen se colocaron
las banderas cogidas a los turcos y el estoque que llevó en la batalla don Juan
de Austria. El hijo y sucesor del monarca, Felipe III, aceptó formalmente el
Patronato de Atocha por parte de la Casa Real, estipulando las condiciones del
mismo y ordenando labrar y colocar en la capilla de la Virgen las armas reales.
La devoción se mantuvo en todos sus sucesores, y se dice que Felipe IV llegó a
visitar la imagen 3.400 veces. Una y otra vez el santuario ha sido el lugar en
el que los monarcas ofrendaban los trofeos de su victorias militares y
solicitaban mediación divina para sus empresas.
- Patronazgo de Madrid:
Tradicionalmente se ha considerado a Nuestra Señora de la Almudena como patrona
de la Villa, mientras que la de Atocha lo era de la Corte. No ha quedado
constancia de ningún documento en que se formalice tal decisión, pero la
tradición insiste en ello. Así, Mesonero Romanos escribe que "sobre este título
de patrona de Madrid, con que es apellidada alternativamente esta imagen
(Atocha) y la de Nuestra Señora de la Almudena, también han entablado grandes
controversias los escritores; pero de ellas puede deducirse que en los pasados
tiempos y hasta la venida de la corte, la de la Almudena, era la designada
generalmente por patrona de la Villa, y por lo tanto la de Atocha se
sobreentiende serlo de la Corte".
La festividad de Nuestra Señora de Atocha se celebra el primer domingo de
octubre.
NUESTRA SEÑORA DE LA ESTRELLA (Iglesia de San Miguel de los Octoes)
Era una imagen "de bara y media de alto, muy antigua, a quien llaman la madre de
Dios de la Estrella", que se veneraba en la capilla que Ruy Sánchez Zapata -copero
del rey Juan II- y Constanza de Aponte, su esposa, tenían en la iglesia de San
Miguel de los Octoes. Dice la tradición que obraba grandes prodigios en las
batallas, uno de los cuales "fue, que saliendo uno de sus antecesores -de Ruy
Sánchez Zapata- de la batalla (en la guerra que contra los Moros de la Andalucía
hazían sus Reyes) todo cubierto de flechas tocadas con yerua, milagrosamente le
libró nuestra Señora, por encomendarse a ella en esta Santa Imagen. Comprueua
este milagro una pintura antigua que hubo, en donde se vía pintado este
caballero lleno de flechas hincado de rodillas delante della".
NUESTRA SEÑORA DE LA FLOR DE LIS (Cripta de la catedral de Nª Sª de la Almudena)
En 1623, en la antigua iglesia de Santa María la Mayor, se decidió trasladar la
imagen de Nuestra Señora de la Almudena desde la pequeña capilla en la que se
encontraba hasta el altar mayor. Con este motivo, y para acomodarla mejor, fue
necesario quitar unos tableros del retablo, y al hacerlo apareció detrás de
ellos, pintada al fresco en el muro, una imagen de Nuestra Señora. Tras colocar
la imagen de la Almudena, la pintura volvió a quedar oculta detrás del retablo.
Unos años después, en 1638, los arquitectos de Felipe IV trasladaron este trozo
de muro a los pies de la iglesia, sobre la escalerilla de la puerta, donde
comenzó a recibir culto. El primer domingo de agosto de aquel año se le puso el
nombre de la Flor de Lis. En 1834 fue trasladada a una de las capillas del
templo. Tras la demolición de éste en 1868, se mudó a la contigua iglesia del
Sacramento, donde permaneció hasta 1911, fecha en la que fue colocada en la
cripta de Nuestra Señora de la Almudena, en el mismo altar que actualmente
ocupa.
En la pintura, que ha sufrido muchas restauraciones, la Virgen aparece sentada,
sosteniendo al niño en su rodilla izquierda, y con una flor de lis en la mano
derecha, detalle que fue el origen de su nombre. Tiene el rostro ovalado, la
nariz aguileña y los ojos almendrados, mirando al frente; el vestido es verde, y
el manto, blanco con forro encarnado. Está enmarcada bajo un arco ojival
angrelado, y a sus pies aparece pintada una cruz de Calatrava rodeada por un
círculo dorado, distintiva de esta orden militar fundada en 1164. El Niño
sostiene una gran esfera con la mano derecha, y adelanta la izquierda en actitud
de bendecir.
La imagen, por las características que se han descrito, parece datar del siglo
XIII, lo cual la convierte, después de la de nuestra Señora de Atocha, en la
imagen religiosa más antigua que se conserva en Madrid.
Fuente:
http://elmadridmedieval.jmcastellanos.com
José Manuel Castellanos


La Real Esclavitud es la Congregación que desde el año 1640, fecha de su Fundación, viene sosteniendo parte de Culto y la devoción de la Celestial y Excelsa Patrona de Madrid, en compañía de la Hermandad del Santo Rosario, el cual se fundó en el año 1758. (En la actualidad se han unido, por lo cual se ha constituido una sola Congregación). A las cuales han pertenecido siempre nuestros Reyes, los miembros más Ilustres de la Nobleza española, Municipio madrileño y gran pueblo de Madrid.
Es la más antigua; fundada el 29 de
agosto de 1640. A los pocos años promovió el llamado Voto de la
Villa.
Según sus Constituciones, el rey de
España será el patrón perpetuo, y el presidente el duque de Pastrana, "por el
justo motivo de haber sido el que promovió y fundó esta Real Esclavitud”. Los
primeros Hermanos fueron Felipe IV y su esposa Isabel de Borbón. En los archivos
de la Esclavitud existe un Libro donde han ido firmando los reyes desde Felipe
IV hasta Alfonso XIII, así como los duques de Pastrana hasta nuestros
días.
La Congregación tiene como único fin "el dedicarse al servicio, culto y
veneración de María Santísima. A todos los que se alistaren en ella se les ha de
despachar Carta de Esclavitud por el secretario, en la que se obligan
expresamente a defender, en público y en secreto, el Misterio de la Purísima
Concepción". La fiesta la celebraban, hasta 1977, el 8 de septiembre tras
solemne novenario. A partir de ese año tiene lugar el 9 de noviembre.
Hermandad del Rosario Cantado: Se funda en 1741, íntegrada por el coro de niños que cantaba el rosario todos los sábados por las calles adyacentes a la parroquia de Santa María.Fuentes Ponte afirma a finales del siglo XIX: "Desde hace algunos años, el 9 de noviembre, la Hermandad del Rosario Cantado baja procesionalmente a la Cuesta de la Vega, y ante la imagen de la Virgen se canta la Salve por una gran orquesta, después de incensar la imagen; asiste mucha gente .
El 29 de agosto de 1640 se fundó, bajo el reinado y el patrocinio de FELIPE IV e ISABEL DE FARNESIO, la CONGREGACIÓN DE ESCLAVOS DE NUESTRA SEÑORA DE LA ALMUDENA, cuyas constituciones fueron aprobadas por el Tribunal de la Gobernación de TOLEDO, estableciendo una Junta de Gobierno que presidirla el Rey y constituida por un Patrono, un Prefecto, ocho Consiliarios (4 eclesiásticos y 4 seculares), dos Secretarios, un Tesorero, un Maestro de Ceremonias eclesiástico, cuatro Comisarios de fiesta y
otros cuatro de cera. Celebra solemnemente las fiestas principales de la Virgen y, en particular la del 8 de septiembre en conmemoración del voto de la Villa de 1646. Los "esclavos" se obligan a entregar un donativo y lucran indulgencia plenaria en todas las indicadas festividades, así como en la fiesta de la Santísima Trinidad, San José y el día de su ingreso; igualmente lucrarán 60 dios de indulgencia al realizar un acto piadoso.
Desde que el Rey CARLOS II ingresó como Mayordomo de esta Archicofradía (30 de diciembre de 1679) todos los reyes sucesivos hasta ALFONSO XIII, así como la familia real y miembros de las familias más distinguidas de la Nobleza, ingresaron en ella como demostración de su devoción a SANTA MARÍA DE LA ALMUDENA, presidiendo ISABEL II, como Patrona perpetua, el último octavario (1 al 8 de septiembre de 1865) que tuvo lugar en el antiguo Templo de la ALMUDENA, antes de su derribo.
Entre los primeros cofrades figuraron el DUQUE DE PASTRANA (gran devoto de la Imagen, siendo nombrado Patrón junto al rey CARLOS II), los CONDES DE OLIVARES y la CONDESA DE MONTERREY, la MARQUESA DE VILLA REAL, la CONDESA DE PAREDES, la DUQUESA DE UREÑA y la MARQUESA DE CASTAÑEDA. Y entre las primeras camareras figuraron la CONDESA DE CASTRILLO, la CONDESA DE ALBA ALISTE, la DUQUESA DE VILLAR, la MARQUESA DE MALPICA y la MARQUESA DE MIRABEL.
Todos los sábados, así como las vísperas de Nuestra Señora y SAN JOSÉ, se cantaba la SALVE, con el acompañamiento de música de la REAL CAPILLA.
Los cofrades se obligaban con juramento solemne a "CREER,
ENSEÑAR Y MANTENER QUE MARÍA SANTÍSIMA FUE CONCEBIDA SIN MANCHA DEL PECADO ORIGINAL DESDE EL PRIMER INSTANTE DE SU SER NATURAL".
VERA TASSIS, Secretario y cronista de esta Congregación, nos dejó en su libro abundantes datos sobre su funcionamiento y organización, así como un inventario de alhajas y otras joyas que constituyeron su riquísimo patrimonio, afirmando que entre las demás Cofradías o Hermandades existentes en el MADRID de su tiempo sobresalía por el culto exterior, número de cofrades y rentas y que contaba con una congrua suficiente de censos y juros para mantener y dar realce a las fiestas, de tal suerte que lo de menos eran las cuotas de los cofrades, muchas veces impagadas.
La HERMANDAD DEL ROSARIO CANTADO es asimismo una devoción popular que, aunque se desconoce su origen y constitución, tiene arraigo ya comprobado desde el siglo XVIII. Su fiesta se celebraba también el 9 de noviembre, precedida de un novenario que concluía con la procesión de aquella fecha. En la festividad de 1789 un jardinero pretendió apoderarse de las Joyas de SANTA MARÍA, siendo detenido y acusado posteriormente por un Fiscal de renombre literario: JUAN MENÉNDEZ VALDÉS. La HERMANDAD celebraba sus cultos en la CAPILLA dedicada al CRISTO DEL BUEN CAMINO en la vieja Iglesia de SANTA MARÍA.
Reflejo de una devoción, también ferviente, pero exclusivamente femenina, es la constitución de una CORTE DE HONOR, a impulsos y bajo el patrocinio de la Infanta MARÍA TERESA DE BORBÓN Y HABSBURGO, hermana de ALFONSO XIII, en el año 1912. La Infanta que, por vivir enfrente de la nueva Catedral, debió ser asidua visitante de NUESTRA SEÑORA DE LA ALMUDENA, tras la entronización de la Imagen en la cripta, inaugurada en 1911, quiso, sin duda alguna, institucionalizar y dar sentido de regularidad a estas visitas, mediante la creación de una Corte, en que sus integrantes se obligaban a dar acompañamiento a la Imagen, en ininterrumpidos turnos de vela.
Al haberse establecido que la Hermana Mayor tendría que ser de sangre real "de la más significada de España", no pudo cumplirse este requisito, tras el advenimiento de la II República.
En la actualidad, reconstituida la CORTE desde el año 1971, sus miembros cumplen fines de carácter social y realzan, no obstante, con sus elegantes y tradicionales vestidos, peineta y mantilla, los desfiles procesionales de SANTA MARÍA. En concreto, y habiendo cesado en sus turnos de vela la CORTE celebra la Santa Misa el día 25 de cada mes en la Iglesia de la Almudena.
HIMNO DE SANTA MARIA LA REAL DE LA ALMUDENA
(F. Palazón)
SALVE SEÑORA…
2. Bajo tu manto, Virgen sencilla,
buscan tus hijos la protección.
Tú eres patrona de nuestra villa,
Madre amorosa,
Tempo de Dios.
SALVE SEÑORA…
ORACION A LA VIRGEN DE LA ALMUDENA:
¡Santa María de la Almudena, hija
predilecta de Padre, madre entrañable de] Hijo y esposa fiel de Espíritu
Santo!
Míranos, escúchanos, ayúdanos.
Tú sabes con cuánto amor y
gozo te proclamamos nuestra madre y nuestra patrona.
Tú sabes con cuánto
amor e ilusión te hemo dedicado nuestra Catedral de Madrid.
Tú sabes
también quequeremos ser testigos valien tes de jesús, tu Hijo y Señor
nuestro.
Pero, Madre, sentimos nuestra debilidad. Señora, necesitamos tu
intercesión.
María, queremos imitarte.
En ti ponemos nuestros
problemas y sufrimientos nuestras ilusiones y esperanzas, nuestra
vida
nuestra muerte.
¡Santa María de la Almudena, ruega por
nosotros!
S. S. Juan Pablo II inauguró el
Templo-Catedral
el día 15 de junio de 1993.
El
9 de Noviembre
PROGRAMA DE ACTOS
VIGILIA PARA LOS JóVENES
Día: 8
de Noviembre Hora: 20'30 horas Lugar: Catedral de la Almudena Preside: Sr.
Cardenal-Arzobispo.
FESTIVIDAD DE
SANTA MARíA LA REAL DE LA ALMUDENA
9 de Noviembre
Celebración
de la Eucaristía a las 11 horas en la Plaza Mayor.
Preside: Sr.
Cardenal-Arzobispo
Al comienzo de la Eucaristía, el Sr. Alcalde de Madrid,
renovará el Voto de la Villa.
PROCESION
Terminada la
celebración cucarística comenzará la Procesión con la imagen de la Virgen de la
Almudena por las calles de Madrid.
ITINERARIO:
Plaza Mayor,
calles de la Sal, Postas, Esparteros, Puerta del Sol, calle de Arenal, Plaza de
Isabel II, calle de Carlos III, Plaza de Oriente, calle de Ballén para entrar en
la Catedral por la Plaza de la Almudena.
INTEGRANTES DE LA PROCESIÓN:
• Policia Municipal a Caballo
• Grupos Castizos, Grupos Regionales y asociaciones
• Banda Musica
• Real Cuerpo de la Nobleza, Caballeros de San Fernando, órdenes Militares y demás Corporaciones con sus hábitos
• Congregaciones y cofradias Invitadas
• Congregacion de San Isidro
• Corte de Honor de La Almudena
• Congregacion de La Almudena
• Junta de la Esclavitud
•Carroza con la Almudena
• Guardia de honor
• Sacerdotes
• Cabildo Catedral
• Vicarios Episcopales
• Señor Cardenal
• Autoridades civiles
•Banda Municipal
• Pueblo
OFRENDA FLORAL
9 de
Noviembre
Se realizará ante la fachada de la Catedral en calle de Bailén.
Desde las 9 hasta las 21 horas.
Se invita a todos los madrileños a que
ofrezcan sus flores ante la imagen de su querida Patrona.
CELEBRACIONES EN HONOR
DE SANTA MARíA DE LA
ALMUDENA
TRIDUO de la REAL ESCLAVITUD
Los días 5, 6 y 7 de
Noviembre.
Hora: 19 horas
Lugar: Santa Iglesia Catedral
Celebración de la Eucaristía. Organiza
la REAL ESCLAVITUD DE N.S. de la ALMUDENA.
http://www.archimadrid.es/catedral/almudena2005/almudena2005.htm
http://www.archimadrid.es/princi/princip/otros/repor/corona/corona.htm
La antigua Iglesia Parroquial de
Santa María de la Almudena, de Madrid
(Por D.ª ÁUREA DE LA MORENA)

Hablar de la parroquia de Santa María es hablar del templo al que más arraigados se sentían los madrileños, entre otras cosas, por venerarse en él la Virgen de la Almudena (de gran culto también en Toledo) y porque parece ser que fué la primera parroquia donde se impartió el Evangelio en Madrid, lo que ya es suficientemente importante. Los límites de su collación en la Edad Media sobrepasaban la propia almudena. Sobre su antigüedad, realmente existen varias hipótesis, entre ellas que fué edificada sobre una mezquita árabe, que sirvió como tal y equipararla al tiempo de los romanos. El problema al que nos enfrentamos es que al haber desaparecido, las noticias y las descripciones se han trastocado con el tiempo, añadiendo la malsana manía de algunos cronistas en engrandecer la historia de la villa, por lo que es preciso ir con prudencia al examinar la historia de la parroquia. Particularmente, comparto parte de éstas afirmaciones por varias razones.
Por una parte, existen datos fehacientes que el rey Alfonso VI, una vez tomada Madrid, la recuperó para el culto cristiano, purificándola previamente bajo el rito romano, es decir, dejando como "firma" en su interior varias inscripciones de un círculo con una cruz en su interior. Por otra parte, en 1618 se descubrió una lápida en el claustro de la Virgen de la Almudena, cubriendo los restos de un fraile con hábito y correa, éstos dos últimos detalles proporcionados por el cronista Jerónimo de Quintana, que precisaba pertenecer a la regla de San Agustín tomando como referencia el cordón del fraile. Pero lo verdaderamente interesante es que se trataba de una inscripción de los reyes godos, que pasaremos a describir en breve.
En ésta esquina de las calles Bailén y Mayor, se encontraba el templo
Respecto a que el templo fué levantado sobre una mezquita, tenemos una muestra en lo que nos contaba el cronista Pedro de Répide:
"Y a lo último de la calle, formando manzana entre ella y la calle del Camarín
de Santa María, donde vivía la princesa de Eboli y mataron a Escobedo, estaba la
parroquia más antigua de Madrid, edificada sobre la mezquita..."

De esto último no estoy de acuerdo por algo que cae por su peso, ya que iríamos en contra de la Historia: el dominio en España fué primero de los reyes godos y los visigodos, seguidos después de la invasión por el Sur de Andalucía por Tarik y Musa, los generales musulmanes. El templo, efectivamente sirvió como mezquita, pues sabido es que los árabes respetaron los templos cristianos a su llegada y existe alguna documentación que lo confirma. La iglesia ya existía a su llegada si tomamos como cierto su existencia en tiempos de los godos por la citada lápida. También, aún a pesar del beneficio de la duda, no debemos olvidar que la desaparecida parroquia de San Juan es bastante probable que existiera en tiempos de los césares romanos, compartiendo metros de separación con la de Santiago, con la diferencia de que ésta última era de culto arriano.
A mi entender, Mesonero Romanos en "El antiguo Madrid", fué más acertado:
"Esta iglesia parroquial es reputada por la más antigua y guarda la primacía entre las de esta villa. El Ayuntamiento celebra en ella sus funciones, y tiene prerrogativas de iglesia mayor. La época de fundación de ella es muy dudosa, pues hay quien la hace subir al tiempo de los romanos, asegurando ser ésta la primera iglesia donde se predicó el Evangelio en Madrid. En siglos posteriores fué Catedral, y después de canónigos regulares. Pero nada se puede afirmar, y sí solo que después de la conquista musulmana sirvió como mezquita y fué purificada y consagrada después de la restauración por el rey Alfonso VI".
Como añadido a ésta exposición, Quintana dudaba si los canónigos eran benedictinos o agustinos. Sea como sea, será el amigo lector el que saque sus propias conclusiones.
La inscripción de la tumba encontrada en la parroquia decía así:
|
MIN. BOKATUS. INDIGNVS. PRS. IMO. ET. TERTIO. REGNO. DOMNO. RVD. MI. REGUM. ERA DCCXXXV |
El prestigioso profesor Montero Vallejo, en su obra "El Madrid medieval", pgas 43 a 45, estudia ésta someramente. A pesar de que no existían noticias de estar rota en su principio y final, según Fita, del que podemos estudiar sus interesantes trabajos sobre las lápidas a principios del s. XX, sí que lo estaba, por lo que se podrían añadir 3 cifras a la era, pasando a ser 738 y corresponder a nuestro 700, por lo que hablaríamos de entre primeros de éste año y el 13 de noviembre.
Tal como reflejó Mesonero Romanos, hubo intentos de transformar el templo en
Catedral, concretamente en los siglos XVI y XVII, incluso Obispado, pero todo
quedó en intentos sin ningún fruto a corto plazo. .El resultado ha sido muy
posterior y con muchos años de proceso: la actual Catedral de la Almudena. Lo
único que se consiguió fué que el rey Felipe IV mandase reparar el templo
reforzando los cimientos de la capilla mayor y la elaboración de un nuevo
retablo, cuyas planchas fueron costeadas por la villa de Madrid en 1640. Añadido
fue también un trono para la Virgen, que desde el año 1616 tenía un regalo muy
especial: una corona regalada por la reina de Francia, doña Ana de Austria.

Lo más destacable de la parroquia de Santa María era la capilla de Santa Ana, que se construyó en 1542, que algunos cronistas que pudieron verla compararon con la Capilla del Obispo, en la plaza de la Paja. Si esto fuese así, sería realmente impresionante, a tenor de las pocas imágenes existentes, ya que hoy está cerrada al público. Existía también una pintura de la Virgen de la Flor de Lis, imagen poco conocida, posiblemente tan antigua como la propia Almudena y todavía de culto en Madrid. Fué descubierta en el año 1624 detrás del altar mayor. La causa fué que al situar el altar de la Virgen de la Almudena en ése lugar debido a ser pequeña su capilla, hizo falta retirar algunos tableros, descubriéndose con sorpresa la otra imagen, que esta pintada en el muro de otro altar y adornada por un pequeño retablo. Nos daba cuenta del caso León Pinelo en "Anales de Madrid", con más interesantes datos:
"Se trató de mudar la imagen de Nuestra Señora de la Almudena, de la capilla en que estaba detrás hacía muchos años, al altar mayor, por devoción particular de la Reina Doña Isabel de Borbón, que estaba cercana al parto y quería primero hacer una novena a esta santa imagen, y queriéndola acomodar fue necesario quitar unos tableros del retablo del altar mayor, con que detrás de él se descubrió una imagen de Nuestra Señora con el Niño en los brazos, pintada en un nicho de la misma pared, que por tener una flor de lis en la mano la llamaron Nuestra Señora de la Flor. La prisa con la que se hacía la obra no dio lugar a otra cosa que a dejarla como estaba detrás del retablo de Nuestra Señora de la Almudena, sacando copias para la reina y para algunas personas devotas..."
Se decía de ella que era:
"... vara y media de altura, rostro moreno, la cabeza si toca ni corona pero con diadema; los cabellos largos y caídos sobre los hombros; el cuello descubierto, y pendiendo de él un joyel rojo. Al lado izquierdo tenía sentado en su regazo al Niño, también con diadema. Una mano asiendo el mundo, y levantando la otra en acción de bendecir. Toda ella de una túnica encarnada..."
Si tomamos como referencia que una vara castellana son 0,385 mts, vara y media
serían 57,75 mts, es decir,
una imagen de poco más de medio metro de alta.
También se sabe de la existencia de un cuadro de Alonso Cano, representando a
San Isidro y el milagro del pozo. Gracias a Dios, el cuadro pudo ser rescatado
durante la maldita guerra civil y trasladado al convento del Sacramento y
finalmente al Museo del Prado, donde hoy podemos disfrutarlo. También, entre
otras, existen vagas noticias de pinturas en el techo y bóvedas a cargo de
Eugenio Caxes y Diego Polo.
Miguel de Cervantes nos describió en su obra "La gitanilla" que en la capilla de Santa Ana se hacía una función en su día a cargo de gitanos y payos de familia, de la cual era su patrona. Parte de la fiesta era cantar y bailar en el propio atrio de la iglesia. León Pinelo, en su insustituible obra "Anales de Madrid", también nos demostraba la importancia del templo informándonos que en su interior se reunía a los representantes del clero, en ocasiones para celebrar procesiones especiales, como la de 1611 para dar gracias a la Virgen por la expulsión de los musulmanes y como por ejemplo en 1597, por unas causas mayores que desbordaron la sanidad en la villa: una epidemia de peste.
"No cesaba la peste que había empezado el año antes y para solicitar y conseguir la divina misericordia y que aplacase Dios su ira, esta insigne villa estando el dia de Santiago en la iglesia mayor de Santa María y juntamente el Cabildo de la Clerecía y los Prelados de los Conventos, todos postrados delante del Santísimo Sacramento hicieron voto de guardar la fiesta de la gloriosa Santa Ana y la del glorioso San Roque, y de hacerles decir cada ño sus primeras vísperas y Misa cantada con solemnidad y hacer procesiones generales a las iglesias que se señalasen..."
Siguiendo con las posteriores rehabilitaciones, en 1640 se terminó de reparar la capilla mayor, hecho que de nuevo León Pinelo, rico en detalles sobre éste templo, nos relataba así:
"Se trasladó al altar mayor, con el retablo y adorno en que hoy se venera, y se
doró todo el cuerpo de la iglesia. Y desde entonces se la da el título de Santa
María la Real po ser obra de la Reina Doña Isabel..."

Sí, amigo lector, se la doró. Y lo fué tanto que en la obra de culto de Antonio Ponz, "Viajes de España", de obligada consulta, éste escritor no lo quiso pasar por alto:
"El edificio es pequeño y de comunísima arquitectura, y aunque en tiempos de FFelipe IV le cubrieron de doraduras, por haberse ennegrecido tanto, no parecen oro, sino hollín".
Casi 100 años tuvo que esperar para que el arquitecto Ventura Rodríguez, en 1782 la reformó dándole un aire más moderno. Pero, sin duda alguna, lo que la hizo la parroquia más importante de la villa fueron que allí se encontraba la tan querida Virgen de la Almudena y otro detalle poco conocido por los madrileños: ser centro de reunión de personalidades de visita oficial a la villa. Generalmente, iniciaban su marcha desde el monasterio de los Jerónimos Reales, cerca del Paseo del Prado, para finalizar en la parroquia de Santa María, desde donde asistían maravillados a las fastuosas procesiones que partían desde aquí, siendo destacables las del Corpus Christi, que fueron largamente motivo de alusión de escritores y la literatura española. Como curiosidad hasta ahora sin respuestas, se menciona una misteriosa "iglesia de la Magdalena" en el Códice de Juan Diácono", de la cual no hay noticia ni rastro. Algunos de los antiguos cronistas la relacionan con la de San Salvador, aunque se atribuye a ésta su adoración en Santa María.
La triste desaparición de la parroquia de Santa María la Mayor fué debida a un
plan de alineaciones en la zona de manzanas y el Palacio Real, que hacían tomar
aire en la parte final de la calle Mayor y la de Bailén. El proyecto básico era
la creación de una segunda plaza como consecuencia de ampliar la plaza de la
Armería y motivada por la demolición de la Casa de los Pajes. De ésta forma, la
calle Mayor terminaba en un lugar todavía impreciso de la plaza de la Armería.
Sin embargo, esto afectaba a la calle Bailén, que no podía prolongarse. Éste fué
el primer vistazo de reojo a la parroquia, pues no se podían ajustar ambas
calles con el templo en la misma ubicación. Llegó así 1870, en que, no se sabe
si para acallar críticas o si era cierto, se afirmó que el templo amenazaba
ruina, por lo que fué finalmente derribado, desapareciendo con él un pasado muy
querido por los madrileños.

Lo único que queda como recuerdo es una de sus campanas, que se encuentra en la Catedral de la Almudena. En su lugar se hizo una manzana de casas y se alinearon las tan solicitadas calles Mayor y Bailén, desapareciendo también la antigua plaza de Santa María. Los únicos vestigios visibles son parte del basamento del templo, que se muestran en éste artículo, visitables por el lector, a los que se ha adjuntado una pequeña maqueta en bronce con un texto que nos aclara la visión de éstos:
"En el año 1998 se encontraron éstos restos con motivo de las obras de urbanización de las calles Mayor y Almudena, incluidas en el convenio de rehabilitación del área de la calle Mayor, financiadas por las 3 Administraciones. Se pueden reconocer las siguientes estructuras según el gráfico adjunto:
1 - Arranque de un ábside curvo de época medieval, siglo XII.
2 - Ábside rectangular adosado al interior en 1638, que sostenía en voladizo el camarín de la Virgen. Para la construcción de éste nuevo ábside, se reutilizaron capiteles románicos procedentes de la iglesia medieval. En su interior se construyó el panteón de los duques de Pastrana y del Infantado (coloreado de rojo en la excavación).
3 - Refuerzo y reformas del ábside y fachada de la iglesia en 1777.
http://www.archimadrid.es/princi/princip/otros/repor/50aniv/50aniv.htm
Taller de Restauración
http://www.archimadrid.es/tallerrestauracion/default.htm

VISITA A LA CATEDRAL DE LA ALMUDENA
Hasta fecha muy reciente Madrid no alcanzó uno de sus sueños más anhelados que, como ciudad, ha guardado en la memoria desde que Felipe II fijó en ella la Corte (1561): poseer un templo catedral. A los pocos años de aquel acontecimiento se hizo explícito este deseo de Madrid que, según un informe de 1567, estimaba que "por el bien universal de la villa y su tierra, importa y tiene gran necesidad que se haga en ella una iglesia catedral y cabeza de Obispado". No obstante, el monarca estaba entonces más interesado en la obra de El Escorial y en el proyecto de Juan de Herrera para la colegiata -luego catedral- de Valladolid, ciudad natal del rey que no se resistía a intentar para sí la capitalidad, como sucedería transitoriamente bajo Felipe III. Pero la catedral de Valladolid, una vez iniciada, no se Terminaría nunca y Madrid, recuperada la capitalidad, tampoco vería comenzar siquiera el proyecto de su iglesia al que la archidiócesis de Toledo siempre se opondría por razones obvias. Efectivamente, tras los intentos fallidos de los Reyes Católicos y Carlos V por dividir la gran y poderosa archidiócesis de Toledo, y los movimientos que en el mismo sentido se produjeron bajo Felipe II, se cierra el siglo XVI sin que Madrid pudiera ver cumplido su deseo, quedando como simple cabeza de un arcedianato de la &laqno;Divas Toletana». Durante el siglo XVII se hicieron nuevos esfuerzos por conseguir la segregación de Madrid respecto a Toledo, llegando Felipe III a obtener la autorización de Roma a través de una bula de Clemente VII para proceder a la erección de una catedral en Madrid. El rey y la reina Margarita ofrecieron entre ambos 650.000 ducados, pero a tan fuerte suma correspondió una no menos fuerte oposición del arzobispo de Toledo.
Así las cosas, serían Felipe IV y, sobre todo, su esposa doña Isabel de Borbón, quienes iniciaron de nuevo las gestiones para la construcción de una catedral en Madrid vinculada a la parroquia de Santa María de la Almudena, sin mencionar para nada la creación previa de una diócesis. Así, estando la reina próxima a dar a luz en 1623, hizo un ofrecimiento a la Virgen de la Almudena para dotar y fundar una capilla en la vieja parroquia de Santa María. Sin embargo, parece que el conde-duque de Olivares y Madrid recondujeron aquella "buena ocasión para que se encamine y consiga el antiguo y justo deseo de tener una iglesia principal". Nombrada una Junta para entender en las obras de la futura catedral, a la que asistían el corregidor de Madrid, representantes de la reina, regidores de la villa y comisarios nombrados al efecto, se acordó, en 1624, fijar las condiciones, traza y planta del templo catedral, señalándose los nombres de Juan Gómez de Mora y de su aparejador Pedro Lizargárate para hacer aquellas. El entusiasmo fue grande y Felipe IV, en el mismo año de 1624, dio una cédula en la que arbitra medios para hacer frente a la obra, a la que el Ayuntamiento de Madrid contribuiría con la importante suma de 200.000 ducados.
Pero, probablemente, lo más importante de dicha Real Cédula para la historia del anhelo catedralicio de Madrid fuera su encabezamiento que resulta como sigue: "Consejo, Justicia y Regimiento desta villa de Madrid, ya sabéis, cómo a devoción nuestra y de la Reina, Nuestra muy cara y muy amada mujer, Da Isabel, se trata de erigir, fundar y fabricar en esta villa una Iglesia Catedral de la advocación de Nuestra Señora de la Almudena y para ayuda a los gastos que necesita dicha fábrica..." Es decir, no cabe ya la menor duda sobre la iniciativa real del proyecto y su alcance como templo catedralicio, ni sobre su advocación.
No habiendo pasado de estos preliminares el proyecto de una catedral para Madrid y tras una fugaz propuesta de Sacchetti (1738), resucitó de nuevo en el ámbito real y, con algunos cambios, la historia volvió a repetirse. No es ahora Felipe IV, sino Alfonso XII. No es la reina Isabel de Borbón, pero sí el dolor de la muerte de la reina Marra de las Mercedes de Orleans, ambas devotas de la Virgen de la Almudena, el que actuará de motor definitivo del templo madrileño frente al Real Palacio, en la segunda mitad del siglo XIX. Pero antes de abordar el proyecto definitivo del marqués de Cubas, cabe añadir que durante aquel siglo también se intentó la creación de una diócesis y la consiguiente erección de la catedral, según recogieron en su momento hombres como Mesonero Romanos y Fernández de los Ríos. Ya las Cortes Constituyentes de 1837 habían planteado, una vez más, la conveniencia de hacer coincidir la capital de la monarquía con una sede diocesana, y en ese mismo sentido se manifestaron otros organismos y corporaciones hasta que se incluyó en el Concordato de 1851, junto con las nuevas sedes de Vitoria y Ciudad Real. La posterior firma de un Convenio adicional, en 1859, posibilitó el abordar de nuevo la construcción del templo catedralicio.
No obstante, las difíciles vicisitudes políticas que van desde la Revolución del 68 hasta la Restauración alfonsina (1875) hicieron que se retrasase la entrada en vigor de anteriores convenios y acuerdos, hasta que la creación de la diócesis Madrid-Alcalá fue realidad a partir de una bula dada por León XIII, en 1885, y aprobada por el Ministerio de Gracia y Justicia aquel mismo año que conocería la muerte de Alfonso XII. Por todo ello la catedral de Santa María de la Almudena de Madrid es, al final, el resultado de una compleja situación en la que, tras un secular forcejeo de intereses diocesanos y políticas, se consiguió segregar de la archidiócesis de Toledo la nueva de Madrid-Alcalá, en cuyo éxito tuvo un papel principal el Nuncio Apostólico en España, monseñor Mariano Rampolla. Tanto la ejecución de la bula como la toma de posesión del primer obispo de Madrid, el malogrado don Narciso Martínez Izquierdo, tendrían como escenario la antigua iglesia jesuítica del Colegio Imperial, que en aquel momento tenía la consideración de colegiata, bajo la advocación de san Isidro, pasando a ser inmediatamente templo catedral de la diócesis, en 1885, hasta que se consagró el actual templo en 1993.
Para aquella fecha ya estaba en marcha el templo de la Almudena no como tal catedral sino como parroquia heredera de Santa María, la más antigua y venerable de las parroquias madrileñas, derribada en 1869 en aras de unas reformas urbanas. El autor del proyecto fue Francisco de Cadas (1826- 1899), arquitecto perteneciente a las primeras promociones de la joven Escuela de Arquitectura de Madrid. La Almudena fue, sin duda, el proyecto neomedieval más ambicioso no sólo ya de Cadas, sino de toda la arquitectura española del siglo XIX, especialmente cuando ésta pasó de su concepción inicial como parroquia a encarnar el más comprometido destino como catedral de Madrid, catedral de la Corte, catedral, en definitiva, de la monarquía española, cuyo Real Palacio miraría frente a frente.
El proyecto de la nueva
parroquia de la Almudena se veía, si, urgido por el derribo de la parroquia de
Santa María, pero todavía mucho más, si cabe, por el deseo de erigir en este
templo un enterramiento digno y próximo a palacio de la joven reina doña Mana de
las Mercedes de Orleans y Borbón, muerta en 1878, a los pocos meses de su
casamiento con Alfonso XII. El hecho de haber fallecido sin dejar descendencia
impedía que su enterramiento se efectuase en el Panteón Real del monasterio de
El Escorial, por lo que se pensó en la nueva parroquia, cuya organización en
planta ya contempla un espacio de honor para custodiar los restos mortales de la
joven reina. El proyecto definitivo se sancionó por Real Orden en 1880. Conforme
a este proyecto comenzaron las obras
en
1883 y ya no hubo más cambios, pues, en proceso de construcción, el templo, que
ya se había concebido con pujos catedralicios, sirvió para apoyar la petición de
la nueva sede episcopal que se alcanzó, finalmente, en 1885.
Cubas realizó, en un poco convincente estilo gótico, el anteproyecto de la parroquia de la Almudena que se levantaría en un solar frontero al Palacio Real, cedido al efecto por Alfonso XII. Conocemos su planta, alzado de la fachada y sección transversal, que denotan falta de unidad y proporción. Todas estas deficiencias se subsanaron con creces en el imponente proyecto definitivo que pudo estar ultimado hacia 1881.
Para valorar
volumétricamente todos estos aspectos del triunfalista sueño neogótico de Cubas,
contamos con la extraordinaria maqueta de la catedral, realizada al mismo tiempo
que el proyecto, ofreciendo una de las imágenes más logradas de lo que en el
pasado siglo se concibió como el templo ideal cristiano. Las dimensiones
originales del proyecto pueden ayudar a valorar su magnitud, pues miraban muy de
cerca a los grandes templos catedralicios españoles de la Edad Media. Así, y
medida exteriormente, la catedral madrileña tenía en planta una longitud de 104
metros
por 76 que sumaba el crucero, siendo por tanto algo menor que la de Toledo (120
x 60 metros) pero más grande, por ejemplo, que la de Burgos (84 x 59). La nave
mayor de la Almudena alcanzaría los 32 metros de altura, triplicando
prácticamente los 12 metros de su anchura medidos de eje a eje de los pilares.
Con todo, lo más espectacular y discutible resultaba ser el cimborrio sobre el
crucero, cuya flecha contaba con una cruz de remate que redondeaba los cien
metros de altura. Piénsese que la cota más alta de entre las catedrales
españolas se encuentra en Burgos, donde las célebres agujas de la fachada de su
catedral, muy por encima del espectacular cimborrio, alcanzan sólo los 79 metros
de altura.
Los importantes trabajos de
la cimentación calculada para aquel formidable templo comenzaron el 14 de junio
de 1881, y el día 4 de abril de 1883 se ponía la primera piedra de la cripta,
«para la cual el arquitecto ha adoptado el estilo románico, por ser el de la
época en que se descubrió la imagen de la Virgen». El carácter grave de la
cripta, así como la nobleza de sus materiales, fustes de columnas enterizos y
excelentes bóvedas de cantería hicieron a Repullés ver en ella "una segunda
catedral semisubterránea". La cripta madrileña se levantó con mucho esfuerzo,
pues lo costoso de la obra y la ambición del proyecto exigían un montante
económico que difícilmente se consiguió reunir, comenzando así una lenta
historia de obras e interrupciones que ha llegado hasta
nuestros
días, lo cual nos ayuda a valorar aún más el esfuerzo titánico hecho por aquella
sociedad que en la Edad Media puso en pie un mundo de piedra. No hay duda de
que, efectivamente, se perseguía un ideal arquitectónico que en su falta de
realismo impidió terminar la obra conforme al proyecto soñado. En 1907 la
Infanta de España doña Isabel de Borbón ponía una de las últimas piedras de la
girola y cuatro años más tarde se abría la cripta al culto, el 31 de mayo de
1911. No obstante, aún transcurrirían algunos años hasta que las capillas de la
cripta se fueran enjoyando con retablos, altares, rejas, lámparas, mosaicos y un
mobiliario diverso que sirvió para alhajar los panteones de las familias más
notables del Madrid alfonsino. Entre estos enterramientos no podía faltar el de
Cadas, que figura como Princeps Architectus. A la muerte de Cadas (1899) se hizo
cargo de la obra un discípulo suyo, Miguel de Olavarría, quien, con Ruiz de
Saltes, había colaborado como ayudante en las obras de la catedral. Pero
fallecido Olavarría en 1904, después de dejar una serie de dibujos firmados y
fechados en un estilo muy próximo al de Cadas, le sucedió en los trabajos
finales de la cripta Enrique Mana Repullés y Vargas. A éste le correspondió
igualmente comenzar la iglesia alta, posiblemente replanteándose ya el proyecto
de Cadas que empezó a entenderse como desmesurado. A Repullés le sucedió, en
1922, su ayudante en las obras Juan Moya, quien, a su vez, auxiliado por Luis
Mosteiro, conoció la definitiva paralización de las obras (1936).
En 1944 se convocó un
Concurso Nacional de Arquitectura para solucionar el difícil problema de la
terminación de la Almudena, que ganaron los arquitectos Fernando Chueca y Carlos
Sidro. Éstos, con una bella y sólida propuesta de gran lógica, abordaban los
cuatro grandes problemas que planteaba el proyecto de Cadas: reducción de los
volúmenes, abandono de las formas neogóticas, aprovechamiento de todo lo
construido hasta entonces y enlace del templo con todo su entorno a
través de otras menores como pórticos, claustros, capillas y dependencias
varias. Las obras se reiniciaron de acuerdo con el nuevo proyecto, que buscaba,
por encima de todo, hablar un lenguaje formal que fuera capaz de sostener la
mirada vigilante del inmediato Palacio Real. Primero, en 1950, fue el claustro,
y cinco años más tarde recomenzaban las obras del templo, todo bajo la dirección
de Fernando Chueca, quien, desde entonces, no se separaría de aquella difícil
obra, siempre falta de una financiación suficiente, lo que hizo que incluso el
proyecto de 1944 conociera transformaciones a la baja, reduciendo y eliminando
muchos de los elementos incluidos en la hermosa idea inicial, como las crujías
porticadas que enlazaban con las de la plaza de la Armería configurando un
espacio único.
Surgió la nueva fachada
principal de órdenes superpuestos entre dos torres, con recuerdos de Servandoni;
la nave mayor, sin perder esbeltez, rebajó su altura hasta poco más de 25
metros; se
desecharon
las bóvedas neogóticas pensadas por Cubas a cambio de una original solución de
módulos de hormigón que pintaría José Luis Galicia. En una palabra, las obras de
la Almudena hacían avanzar el edificio hasta que se paralizaron en 1965, a raíz
del nulo apoyo del nuevo Ayuntamiento. Pasaron prácticamente veinte años hasta
que, en 1984, siendo arzobispo de Madrid el cardenal Suquia, se creó un
Patronato que supo aunar el apoyo de instituciones públicas y privadas para
finalizar las obras tras la construcción de la cabecera, fachada oriental y la
solución cupuliforme del crucero, que también varió desde el proyecto primero.
De este modo, en un plazo brevísimo en relación con el volumen de obra, la
iglesia catedral de la Almudena pudo dedicarse el 15 de junio de 1993 oficiando
la solemne ceremonia el papa Juán Pablo II. De su interior, falto aún de muchos
elementos, es de destacar el retablo de Juan de Borgoña en el brazo-capilla del
crucero dedicado a la Almudena, el monumental cuadro de Francisco Ricci y el
formidable Cristo de Juan de
Mesa sobre el impresionante presbiterio de la más joven de las catedrales
españolas debida al último de sus maestros, Fernando Chueca.
Arquitectura:
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Arquitectónicamente pueden diferenciarse dos construcciones en la Catedral de la Almudena, la parte inferior que constituye la Cripta y por encima la Catedral. Este edificio de decoración predominantemente barroca está asentado sobre el lugar ocupado anteriormente por la muralla árabe. A principios del siglo XVI, el Papa León X promulga una bula en la que autoriza la construcción en Madrid de una Catedral que sirva de culto a la Virgen de la Almudena. Pero al poco tiempo de colocar la primera piedra, en 1623, el proyecto queda paralizado hasta 1879, año en el que el Marqués de Cubas retoma el proyecto. |
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Alfonso XII fue el verdadero impulsor del proyecto tras la muerte de su primera esposa, María de las Mercedes. Al fallecer ésta sin descendencia, no podía ser enterrada en el panteón del Real Monasterio de El Escorial. Así, Alfonso XII promovió la construcción de la Catedral de la Almudena con el fin de que sirviera de sepulcro para su esposa. El 4 de Abril de 1883 se inicia la construcción de la nueva Catedral de la Almudena , bajo la dirección del arquitecto Francisco de Cadas (1826-1899). Fue sustituido a su muerte por Miguel de Olavaria y posteriormente por Enrique Repullés y Vargas. En 1911 se abre al culto la cripta. Desde esta fecha las obras avanzan lentamente y con dificultades con cambios de arquitectos. En 1922 las obras las continúa Juan Moya y posteriormente Luis Mosteiro. |
Muralla árabe y entrada a la Cripta de la
Catedral de la Almudena.
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En 1936 se produjo la paralización de las obras. En 1944 se convocó un Concurso Nacional para impulsar la continuación de las obras que ganaron los arquitectos Fernando Chueca Goitia y Carlos Sidro. Hacía 1950 construyeron el claustro y posteriormente la fachada principal de órdenes superpuestos entre dos torres. En 1965 se vuelven a parar las obras por falta de fondos económicos, hasta que en 1984 se vuelven a reiniciar y finalizar, de tal forma que la Catedral fue consagrada por el Papa Juan Pablo II el 15 de junio de 1993. Desde esta fecha se han seguido realizando actuaciones con la colocación de las estatuas realizadas por: Ramón Chaparro, José Luis Parés, Juan de Ávalos y Consuelo Perea, y las campanas, y las puertas de bronce por el escultor Sanguino. Las dimensiones de la Catedral son:
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Fachada Este de la Catedral de Santa María La Real de la Almudena. |
Fachada Norte de Catedral de Santa María La Real de la Almudena.
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Portada Este realizada en granito. Las cornisas,
impostas, basas, fustes y adornos son de caliza de Colmenar.
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Detalle de la Fachada Norte con imagen de Nuestra
Señora de la Almudena.
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Materiales de construcción
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La cripta de la Almudena está construida con tres nuevos materiales, que no son tradicionales hasta estas épocas en Madrid. La realización de nuevas vías de transporte por ferrocarril permite la entrada de estos materiales a un precio competitivo con la piedra tradicional de Madrid. Además, ya en el proyecto del Marqués de Cubas se primaba la utilización de nuevos materiales como una seña diferenciadora en el Madrid de finales del siglo XIX: Los primeros sillares del zócalo y de las basas de las columnas están construidos con una piedra dolomítica (dolomicrita), procedente de Baides (Guadalajara). La fachada de tonos blancos con vetas de tonos rosados corresponde a calizas micríticas veteadas del Jurásico del Maciço Calcário Estremenho (Portugal) que se siguen explotando actualmente, y la parte más ornamental de la portada está realizada con una caliza oolítica procedentes también de Portugal y con las que se construyó el Monasterio de Batalha. |
Basa de piedra dolomítica procedente de Baides (Guadalajara) (M.Gómez-Heras) |
Pórtico de entrada de la Cripta realizada con caliza de Portugal (M.Gómez-Heras). |
Paramento realizado con caliza veteada procedente de Portugal. |
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La Catedral se continuo a partir de 1911 con la denominada piedra de Novelda (Alicante). Esta piedra es una caliza que se clasifica como biocalcarenita al estar formada por una acumulación de restos de fósiles (foraminíferos, moluscos, briozoos, etc.) que presenta un tono crema. En la zona de balaustrada se utilizó piedra procedente de Colmenar de Oreja (Piedra de Colmenar). En la actuación de Chueca Goitia, finaliza la cúpula con piedra de Bateig (Alicante), que son similares a las de Novelda al proceder de la misma formación geológica y de las mismas área de extracción. La cubierta es de pizarra procedentes de la cantera de Valdemiguel, Carballeda (Orense). |
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Sobre la portada de la cripta realizada con caliza de tonos blancos aparece la caliza de Novelda (Alicante) de tonos cremas. |
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La portada principal con sus dos torres es de granito, en donde resalta la presencia de gabarros de gran tamaño, por lo que la piedra podría proceder de canteras de la zona de Zarzalejo (Madrid). La portada que da a la calle Bailén muestra por el contrario una menor cantidad de gabarros, siendo de tono más blanco. Ambas fachadas presentan cornisas, basas y capiteles de columnas y ornamentación en piedra de Colmenar, siguiendo la construcción tradicional de Madrid y copiando las trazas y estilo del Palacio Real de Madrid, que se encuentra a su frente. |
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La cúpula está realizada con piedra caliza de Bateig (Alicante), siendo la cubierta de pizarra procedente de Carballeda (Orense). |
Detalle de la Fachada Este realizada en granito y adornos con caliza de Colmenar. |
Estado de Conservación
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La Catedral de la Almudena se encuentra en un buen estado de conservación ya que su construcción es reciente. Los deterioros que presentan son puntuales y localizados en la zona de la Cripta, al llevar construida más de cien años quedan en su superficie las marcas del paso del tiempo. Así pueden apreciarse la presencia de impacto de proyectiles pertenecientes posiblemente a la contienda de la Guerra Civil, procesos de disolución de las calizas blancas de la fachada afectando más directamente a las venas existentes de tonos rojizos, presencia de desplacados y de arenización así como presencia de costras negras procedentes de la contaminación atmosférica, localizadas principalmente en las zonas de tallas de la portada. |
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Deterioro de la caliza de la portada con procesos de arenización y formación de costras negras. |
Desconchaduras producidas por impactos de proyectiles en el paramento de caliza. |
Desplacado y arenización en un sillar de caliza. |
La Catedral de Nuestra Señora la Real de la Almudena,
comienza a gestarse en 1868, cuando la Congregación de Esclavos
de la Virgen de la Almudena solicita al Arzobispado de Toledo (del que entonces
dependía Madrid) permiso para construir otra iglesia dedicada a la Virgen. Esta
petición fue apoyada por la reina María de las Mercedes, esposa de Alfonso XII.
Después de la muerte de la Reina Mercedes, el marqués de Cubas recibe el encargo
de preparar el proyecto para la construcción de una importante iglesia
parroquial. El 4 de abril de 1883 el rey don Alfonso XII coloca la primera
piedra de la futura iglesia. Iglesia que pasará a ser Catedral cuando en 1885
Madrid sea erigida en diócesis por el Papa León XIII.
La Catedral tiene una orientación norte-sur porque, desde sus orígenes, fue
proyectada como parte integrante del conjunto del Palacio Real; así, la fachada
principal, situada a los pies del templo, mira hacia la fachada sur del palacio.
La Catedral se construye en terrenos cedidos por Patrimonio, en estilo
neogótico. La Cripta, a nivel inferior, de igual tamaño en superficie que la
Catedral, está construida en piedra en estilo neorománico, y se finalizó en
1911.
Las obras de la Catedral, que avanzaban lentas, se pararon durante la Guerra
Civil, de 1936 a 1939. Por eso, en 1944 el marqués de Lozoya, director general
de Bellas Artes, promueve un concurso nacional para dar a la Catedral una buena
solución arquitectónica. El concurso fue ganado por los arquitectos Fernando
Chueca Goitia y Carlos Sidro, quienes cambian el inicial proyecto, de estilo
neogótico, por el actual, para que no desentone el conjunto con el Palacio Real.

Los nuevos arquitectos rebajaron la altura del nuevo edificio, con lo cual la
nave central mide 25,8 metros.
Tras un tiempo en el que las obras estuvieron casi paradas, en 1984 el Cardenal
Ángel Suquía constituye un Patronato, que se encarga de impulsar las obras. Así,
se edifica la fachada de la Catedral que da a la calle Bailén, la fachada de
poniente o del Campo del Moro; las obras que quedaban por hacer en el ábside; y
la cúpula.
La fachada que da a la c/ Bailén es de piedra granítica, con algunos elementos
de Colmenar, de estilo muy clásico.
Cúpula: es doble. Gótica vista desde el interior, pero claramente barroca desde
el exterior. Está recubierta con piedra y pizarra, y tiene una pequeña linterna
como remate.
Las obras, reanudadas en 1984, concluyeron en su parte más sustancial en junio
de 1993. El Papa Juan Pablo II dedicó y consagró la Catedral el día 15 de junio
de ese año de 1993. Es la primera vez que un Papa dedica y consagra una Catedral
fuera de Roma.
Desde 1998, la Catedral sigue sufriendo modificaciones: arreglo del resto de las
capillas, decoración de la iglesia, pintura de los techos, colocación de
vidrieras…
Interior de la Catedral:
La Catedral de Santa María la Real de la Almudena presenta planta de cruz latina
con una nave central y dos laterales, amplio crucero de tres naves; cabecera
curva con girola y cinco capillas radiales. La Virgen de la Almudena, patrona de
la ciudad, tiene su altar en el crucero de la nave derecha.
La mesa del altar es de mármol verde. A la derecha se encuentra la cátedra
episcopal, tallada en nogal, de estilo neo-gótico, realizada por Ramón Fonollosa
en 1885.
Detrás del altar mayor está el Cristo Crucificado de Juan de Mesa (siglo XVII),
y que al igual que la sillería del coro procede de la Colegiata de San Isidro.
El altar de Santa María de la Almudena se encuentra frente a la entrada por la
calle de Bailén. Es un altar elevado, al que se accede por dos escaleras
laterales con barandilla de bronce. La Virgen está colocada en la hornacina
central de un impresionante retablo, pintado por Juan de Borgoña (finales del XV,
comienzos del XVI), constituido por dieciocho tablas con escenas de la vida de
Nuestro Señor. Bajo el arco rebajado formado por las escaleras se halla el
altar, presidido por un gran crucifijo de marfil, ante la sepultura de la Reina
Mª de las Mercedes. Sus restos fueron trasladados de El Escorial en el año 2000.
Al comienzo de la girola, se encuentra la Capilla del Santísimo.
La capilla central de la girola está dedicada a San Isidro Labrador y su esposa,
Santa María de la Cabeza, cuyas imágenes, tallas policromadas de estilo barroco
(siglos XVII-XVIII), flanquean el arca funeraria, del siglo XIII, que tuvo los
restos incorruptos del santo (en la actualidad, en la Colegiata de San Isidro).
En la girola hay un retablo de Berruguete.
Las capillas laterales de la nave central están dedicadas a santos
contemporáneos: San Josemaría Escrivá de Balaguer; Santa María Micaela del
Santísimo Sacramento; beata Mariana de Jesús, mercedaria nacida en Madrid; Santa
Madre Maravillas de Jesús, madrileña, carmelita descalza; Santa Ángela de la
Cruz; San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac; San Pedro Poveda; Santa
María Soledad Torres Acosta; Santa María Josefa del Corazón de Jesús…
La Catedral contiene un vía crucis de catorce estaciones, de estilo flamenco
neogótico, de procedencia belga. Realizado en óleo sobre cobre.

Vidrieras: hay un vitral de la Virgen de Atocha; de San Isidro; de la Coronación
de la Virgen; de la Flor de Lis, en la fachada principal de la Catedral; las
vidrieras que decoran los ventanales de las torres de la fachada principal de la
Catedral son de ángeles.
La decoración pictórica es de carácter geométrico, realizada por el pintor José
Luis Galicia, con una concepción moderna y colorista que retrotrae a las
cubiertas de madera pintada propias de las iglesias visigóticas y románicas.
La cúpula tiene como motivos los cuatro elementos (tierra, mar, fuego y aire) en
sus cuatro vértices, que sostienen a la bóveda celeste.
Órgano de la Catedral: Construido en Barcelona por el organista Gerhard Grenzing,
es una verdadera joya. Consta de cuatro teclados, más un teclado de pedal, y
tiene acoplamientos mecánicos y eléctricos: el teclado de las calderetas
exteriores cuenta con dieciséis líneas de tubos, el mayor tiene once líneas;
veintiuna líneas de tubos son para el teclado expresivo, nueve para la
trompetería y el pedal suma trece líneas más.
Fachada principal de la Catedral (explanada de la Almudena):
Situada a los pies del templo, mira hacia la cara sur del Palacio Real. Está
coronada por cuatro estatuas, obra del escultor Ramón Chaparro, que flanquean
una imagen de la Virgen de la Almudena entronizada en una gran espadaña. Las
estatuas representan a cuatro santos españoles: San Isidro, Santa María de la
Cabeza, Santa Teresa de Jesús y San Fernando, realizadas en piedra de Colmenar
blanca.
En el balcón, una vidriera de diez metros cuadrados que representa a la Virgen
de Lis. Y cuatro estatuas que representan a los cuatro evangelistas, del
escultor José Luis Parés.
Hay dos grandes escudos, realizados por el escultor y catedrático de Bellas
Artes José Luis Parés. Ubicados en la parte inferior, están realizados en
piedra: representan las Armas Plenas de la Casa Real Española y el Escudo
Pontificio. Junto a los escudos, en dos hornacinas, están las estatuas de San
Pedro y San Pablo, obra de Juan de Ávalos.
Puertas de bronce: la central tiene adornos con el tema trinitario, ante el
Nuevo Milenio del 2000; una de las laterales hace referencia a la Monarquía
católica de España, con esfinges de los reyes de la Reconquista; la otra, está
dedicada a Hispanoamérica. Son obra del escultor Sanguino.
De las dos torres de esta fachada, la de la derecha se conoce como Mariana o de
los gallegos, ya que las campanas han sido donadas por los gallegos y cada una
de ellas tiene una advocación mariana: Santa María la Real de la Almudena; Santa
María de la Paloma; Santa María de Atocha; Santa María de la Flor de Lis.
En la torre de la izquierda, que da a la calle Bailén, está el carillón.
Fachada de Bailén y plaza de Juan Pablo II:
En la facha de la Catedral que da a la calle de Bailén, se ha construido una
plaza que sirve de atrio amplio a la fachada de levante de la Catedral.
En ella se levanta una estatua de más de tres metros que representa al Papa Juan
Pablo II, realizada por el escultor Juan de Ávalos.
La plaza está adornada, además, con cuatro fuentes y farolas de estilo
fernandino. A esta plaza se accede por una escalera imperial.
Todo el conjunto está cerrado por rejas, coronadas por las estatuas en bronce de
San Antonio Mª Claret, San Ignacio de Loyola y San Juan de Ávila, obra de la
escultora Consuelo Perea.
Las puertas de bronce de la fachada que da a la calle Bailén, también obra del
escultor Sanguino, representan: una de las laterales, el hallazgo de la Virgen
de la Almudena por el Rey Alfonso VI de Castilla, en el año 1085; la central,
recuerda el día de la inauguración de la Catedral por el Papa Juan Pablo II, el
15 de junio de 1993, con imágenes de los Reyes, Doña María de las Mercedes,
madre del Rey, y el entonces Cardenal Arzobispo de Madrid, Ángel Suquía; y la
otra puerta lateral, representa la procesión de la Virgen de la Almudena el 9 de
noviembre, día de su fiesta, por las calles de Madrid. En ella se ve al actual
Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, y los monumentos más
emblemáticos de la ciudad.
Esta fachada tiene las estatuas de San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen
María, obra de José Luis Parés.
Estatuas de la cúpula de la Catedral de La Almudena
La cúpula de la Catedral de la Almudena cuenta con doce estatuas, que
representan a los doce apóstoles. San Felipe, San Bartolomé, San Mateo, San
Simón, San Judas Celotes, Santiago Alfeo, San Matías , San Bernabé, San Pedro,
Santiago, San Juan y San Andrés. Son obra del escultor Sanguino.
| Pinturas:
Vidrieras
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La Virgen tiene concedidas oficialmente:
Coronas de la Virgen:
Historia de la devoción a la Virgen de la
Almudena |
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Capilla de San Isidro Labrador en la Catedral
La capilla central de la girola, alberga el recuerdo del Patrón de Madrid, San Isidro y su esposa, Santa María de la Cabeza, que vivieron en el Madrid del siglo x111. Sus sagrados restos, descansan desde 1760 en el Altar Mayor de la Real Colegiada de San Isidro, que fuese Catedral hasta la consagración de Santa María la Real de la Almudena, de la que los santos eran fervientes devotos.
Ocupa el centro de la capilla, el famoso arcón funerario que contuvo el cuerpo incorrupto del Patrón, del siglo x111, anteriormente en la Parroquia de San Andrés.
Es de madera de pino revestido de cuero estucado y coloreado al óleo con escenas de la vida del Santo, entre arcos góticos, típicos de los siglos x111-xiv, emparentados con los miniados de las Cantigas de Alfonso X el Sabio.
Llegó a la Catedral desde el Palacio Arzobispal, tras una minuciosa restauración llevada a cabo por doña María Dolores Fuertes. Esta pieza de arte funerario obtuvo el Diplo ma de Honor con Medalla de Oro, durante la Exposición Hispano Americana, celebrada en Madrid en 1829, donde se encontraba formando parte del pabellón de España.
Tras él, bajo la vidriera que representa el famoso milagro en el que los ángeles araban los campos mientras Isidro oraba, podremos contemplar el fabuloso cuadro El Milagro del Pozo, obra maestra de Alonso Cano, realizado para coronar el retablo de la Iglesia de Santa María, pasando a los
depósitos del Museo del Prado, tras la Desamortización de Mendizábal.
A cada lado de la vidriera, sobre pedestales situados a media altura de la capilla, se encuentran las imágenes barrocas de los Santos Labradores, de Villabrille y Ron, reali zadas en el siglo xviii, por encargo del Ayuntamiento de Madrid. Llegados procesionalmente desde la Real Colegiata, el 10 de junio de 1993, acompañando a la Virgen de la Almudena y al Cabildo Catedral.
El Papa Gregorio XV canonizó el 12 de marzo de 1622 a San Isidro y Benedicto XIV a su esposa, patronos de los agricultores españoles por decisión de Juan XXIII.
En 1998 se instalaron a cada lado del recinto, en los muros laterales, tres panteones en mármol blanco de estilo neoclásico, destinados a los enterramientos de los cardenales madrileños que así lo deseen.

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